11/12/2011
Tenemos el año nuevo a la vuelta de la esquina, así que supongo que es un buen momento para que hablemos sobre objetivos.
Como tantos otros, yo también tengo la costumbre de marcarme objetivos más o menos grandes al comienzo de cada año, y como ya no tantos otros, también tengo la costumbre de dejar mis propósitos escritos en forma de lista -suele ser la primera entrada de cada año en mi diario- para poder revisarlos y hacer balance de cuando en cuando.
Respecto a los resultados, debo confesar que hasta ahora ningún año me ha ido especialmente bien -en el sentido de no haber logrado nunca un alto porcentaje de objetivos cumplidos- sin que eso signifique necesariamente que en todo los casos haya hecho mal las cosas o que marcarse objetivos sea en sí una pérdida de tiempo.
Al menos en mi experiencia siempre ha resultado ser todo lo contrario. Creo que el mayor valor de este ejercicio está en que para hacerlo es necesario pensar “de verdad” en la dirección y sentido que le queremos dar a nuestra vida. Para mí, tener objetivos es la diferencia entre sentirme perdido o saber exactamente el motivo por el que me levanto cada mañana y hago ciertas cosas que igual en ese momento no me apetece hacer, pero que sé que son necesarias para alcanzar una meta mayor. Sólo por esa sensación de “propósito” que se obtiene, el esfuerzo ya merece la pena.
Balance
Volviendo a los resultados, debo decir que en la valoración que hago de los mismos al final de cada año intento no olvidarme de que sólo son la consecuencia lógica de mis acciones durante el año ante la incertidumbre y dentro de mis limitaciones -que son muchas-, así que tampoco suelo ser demasiado duro conmigo mismo.
A modo de resumen y para no aburriros con detalles, diré que en la lista de diez objetivos que hice a principios de enero había básicamente dos grupos de objetivos:
- Objetivos relacionados con solucionar cagadas del pasado y cuidarme de meterme de nuevo en problemas.
- Objetivos profesionales y creativos relacionados con el desarrollo de aplicaciones.
Y puedo decir que el año ha ido muy bien respecto a los objetivos del primer grupo, pero bastante mal respecto a los objetivos del segundo de los que prácticamente no he podido cumplir ninguno.
La verdad, me habría preocupado mucho más si el resultado hubiese sido el inverso puesto que a estas alturas sé perfectamente que no soy capaz de desarrollar nada sin tener la mente en mi sitio, y esa “tranquilidad” dependía completamente de la consecución de los objetivos del primer grupo, todos ellos básicos y urgentes.
Tanto es así que a principios de abril tuve que tomar la decisión de abandonar mis actividades de desarrollo de aplicaciones, puesto que el desgaste mental que me estaba provocando el hecho de avanzar tan lenta y torpemente -por falta de tiempo y de energía- estaba empezando a poner en riesgo también el cumplimiento de los objetivos del primer grupo.
Creo que esa fue la decisión correcta, pues aunque el precio pagado ha sido la congelación de xeleh software durante casi un año, lo que he conseguido a cambio me ha permitido recuperar esa claridad de ideas que echaba en falta, lo que a su vez me ha ayudado a comprender por qué cometí ciertos errores básicos en el pasado y de dónde procedía esa sensación de “mediocridad” que me venía acompañando estos últimos años.
Ahora, después de haber hecho limpieza de cagadas y de haber recuperado “mi mente”, me siento preparado para volver a intentarlo con la tranquilidad de saber que pase lo que pase estaré bien y con ese extraño optimismo propio de aquellos que nos hemos equivocado muchas veces.
Por eso, cuando reviso lo que ha dado el año de sí, no puedo más que estar satisfecho tanto por lo que he logrado como por haber “crecido” respecto al año pasado, algo que era realmente importante para mí.
2012
El próximo año será para mí como una segunda parte de este 2011, es decir, no me voy a marcar apenas objetivos nuevos sino que seguiré trabajando en los objetivos de este año que no pude cumplir.
Eso, por supuesto, sin olvidarme de que también debo alimentar los “medios” gracias a los cuales he podido recuperar la tranquilidad y la puedo seguir manteniendo, lo que significa que seguiré volcado en terminar con éxito el proyecto de la startup para la que llevo trabajando ya más de un año, pero que también me las apañaré para poder sacar adelante todos esos proyectos de desarrollo propios que tuve que abandonar este año.
Para conseguirlo tendré que hacer las cosas de una manera distinta a como las he venido haciendo hasta ahora, porque aunque las circunstancias con las que arranco este año son mejores que las del año pasado -especialmente lo de que me funcione cien veces mejor el tarro-, existe todavía el riesgo de que mi capacidad actual siga siendo insuficiente para abarcar todos los aspectos del desarrollo de una aplicación, que son muchos.
Por eso, creo que a partir de enero probaré nuevas fórmulas de trabajo intentando contar desde el principio con personas más capaces técnicamente que yo, de forma que me sea posible contribuir a los proyectos de una manera más efectiva, menos como programador y más como un productor capaz de escuchar y con los suficientes tiros pegados como para saber qué hacer y qué no hacer en cada momento.
En fin, sospecho que 2012 será un año apasionante…