investigando temas de emprendedores, me encontré hace poco con una preguntita que me llamó poderosamente la atención. según parece, esta es una de esas preguntas que le cae fijo a cualquier emprendedor/a en busca de financiación para montar un negocio; así que si ése era uno de tus próximos pasos, atiende:
¿quieres ser rico o rey?
bien, me imagino que todo el mundo sabrá más o menos qué significa aquí “ser rico” y qué significa “ser rey”, pero lo explico por si acaso: “ser rico” significa que no te importaría ceder el control de tu negocio a manos más expertas en un momento dado si ello significara obtener mayor rentabilidad. “ser rey” significa, en cambio, que prefieres mantener el control total de tu empresa en todo momento y cueste lo que cueste.
ni que decir tiene que un inversor preferirá siempre a un emprendedor que quiera “ser rico”, pues ese es el planteamiento que le facilitará más las cosas a la hora de cuidar y maximizar su inversión. sin embargo, mi primera respuesta a la pregunta fue “ser rey”…
tal respuesta venía motivada en gran medida por mi situación laboral. por el momento sigo siendo empleado de una empresa (cuya actividad no sabría cómo catalogar, la verdad) donde la capa de dirección por encima de mí ha crecido tanto que siento que no tengo ningún tipo de control sobre el futuro de la compañía, y por extensión de mi futuro. es triste, pero creo que después de pasar los tres últimos años construyendo y dirigiendo equipos de desarrollo para alcanzar objetivos marcados por una supuesta dirección estratégica, lo siguiente que tenía que pasar no era una pérdida de control, sino todo lo contrario…
por ello, hasta hace poco pensaba que cuando terminara en mi trabajo actual, el siguiente paso lógico sería montar mi propia empresa de desarrollo para hacer por fin todo “a mi manera”. sin embargo, cuestiones como la de “rico o rey” y otras similares (es una forma de referirme a todo el proceso de reflexión previo al acto de emprender) me han llevado a replantearme la cuestión.
porque para montar un equipo de desarrollo hace falta un mínimo de dinero. y si te lo puedes costear, vale, pero si no, tendrás que recurrir a alguna fuente de financiación externa que, por supuesto, exigirá garantías de que ese dinero se le va a devolver, con beneficios “preferiblemente” (nótense las comillas irónicas).
pero uno no puede ofrecer esas garantías si desde primera hora se empeña en anteponer sus deseos personales de control o de restitución de lo que “debería haber sido” a lo que realmente más le importa tanto al equipo como a los inversores: un buen modelo de negocio apoyado en una organización con sentido.
y si por “un buen modelo de negocio” entendemos una manera factible de ganar dinero, por “una organización con sentido” podríamos entender una en la que, por ejemplo, un jefe de desarrollo con una gran habilidad para resolver problemas técnicos pero con una carencia total de experiencia en otras áreas podría no ser el director adecuado para hacer prosperar el negocio que él mismo inició.
a mí esta posibilidad me asusta (aunque también supongo que todo se vería distinto con un negocio en marcha y un equipo -donde por supuesto incluyo inversores- en el que poder confiar) pero parece que no me quedará otra opción que aceptarla; por el momento, todas las fórmulas que me he planteado o hacen aguas ya sobre el papel o entrañan un riesgo demasiado grande para comprometer a más de un loco en el asunto, por muy seguro que yo me sienta de mi capacidad para llevar todo esto a buen puerto.
por eso, finalmente he cambiado mi respuesta; si hoy me hicieran la pregunta diría:
“ser rico… hasta que aprenda a ser rey”.