mi “otro” currículum vitae (2)
April 28, 2008
como prometí, continúo esta serie de posts en la que estoy repasando aquellas facetas de mi vida que normalmente no incluiría en mi currículum vitae.
toca hablar en esta ocasión de mi experiencia deportiva y, en especial, del deporte que prácticamente la monopolizó: el fútbol sala.
experiencia en fútbol
tendría unos 8 o 9 años cuando participé por primera vez en un campeonato de fútbol. el equipo de mi barrio se había inscrito en la copa de córdoba y todos los niños afrontábamos aquel reto con muchísima ilusión. yo, acostumbrado a ganar los partidillos callejeros con facilidad, me veía hasta con opciones de ganar el campeonato…
pero nada más lejos de la realidad: perdimos todos los encuentros por goleada y, de camino, recibí mi primera lección de humildad. hasta ese momento, asumir la derrota ante jugadores mejores que yo era algo contra lo que no me había tenido que enfrentar.
de aquella etapa recuerdo también los durísimos entrenamientos físicos de la pretemporada (a los cuales les debo la musculatura de mis piernas) y el día que me pusieron el sobrenombre de “josele” con el que se me acabaría conociendo en el mundillo.
experiencia en fútbol sala: categorías infantiles
supongo que fue aquella experiencia agridulce con el fútbol lo que me animó en parte a probar suerte con el fútbol sala (también llamado “futbito” en córdoba). así, y tras la pertinente prueba de aptitud, con unos 10 años conseguí ser admitido en el equipo de mi barrio (el “modas levante“), donde comencé jugando de reserva.
el primer año quedamos bastante mal en la liga y no fue hasta un par de años después y gracias a que los jugadores más malos se fueron marchando para dar paso a otros mejores que el equipo no comenzó a estar en los primeros lugares de la clasificación. yo por aquel entonces ya hacía tiempo que me había ganado la titularidad a base de marcar más goles que los demás niños. mejoraba rápidamente, partido a partido.
llegados al segundo año de la categoría “infantiles”, ya eramos un equipo temible: ganamos todos los partidos, la liga, la copa y tanto el portero como titular como yo, recibimos los trofeos a portero menos goleado y máximo goleador respectivamente. eramos superiores, sin duda: ese año, marqué más goles en liga yo solo (53) que todo el segundo equipo clasificado al completo (51).
a partir de ahí ganamos la liga todos los años (o casi, creo que un año quedamos segundos) y nuestra participación en el “sector” (una especie de champions league con los mejores equipos de andalucía) se convirtió en una costumbre. llegamos a disputar varias finales y ganamos el título en una ocasión con una de mis actuaciones más memorables (4 goles en la final, uno de ellos en propia puerta). el marcador de aquella final fue 8 a 3.
acabo este bloque -un poco largo, lo sé- con una anécdota ocurrida en sevilla: mi equipo había ido a jugar el sector sin mí (por alguna razón no pude ir) contra un equipo de esa ciudad y al acabar la primera parte, cuando perdíamos 5 a 0, la luz del pabellón se fue y el árbitro se vio obligado a suspender el partido. la segunda parte se jugaría la semana siguiente, esta vez contando ya conmigo. y bueno, seguramente hubiera sido mejor para el otro equipo que yo no hubiera aparecido porque en la reanudación del encuentro les endosé 5 goles en 20 minutos dejando el resultado final en un empate a 5.
experiencia en fútbol sala: categorías juvenil y senior
a pesar de los títulos y los impresionantes números en las categorías inferiores, mis mejores años fueron los de juvenil y senior. fue en esta época cuando mi fama en el ámbito local creció de forma espectacular gracias -sobre todo- a aquellas mágicas actuaciones que cuajaba jugando en categorías superiores a las que por edad me correspondía.
y es que -no me preguntéis por qué- a la gente le encantaba ver a un chaval regatearse a más de la mitad de un equipo de adultos para marcar un gol a placer. esa fue justamente la jugada que hice el día que publicaron esta nota en la sección de noticias breves de la revista de fútbol sala “veinte más veinte”:
y entonces se me acabó la cuerda… de repente empecé a sentirme excesivamente cansado después de los partidos y más tarde, incluso durante el trascurso de los mismos. hallaron que era un problema de corazón; mi válvula mitral no funcionaba demasiado bien, así que yo tardaba varias veces más que una persona normal en recuperarme de un gran esfuerzo. por eso me faltaba el aire y por eso me cansaba tanto.
los especialistas me dijeron que podría seguir haciendo deporte pero que ni se me ocurriera emplearme con demasiada intensidad porque podría costarme caro (supongo que no hace falta que sea más explícito). tras esto, y como no podía ser de otra forma, mi interés por la competición fue disminuyendo progresivamente.
experiencia en fútbol sala: mercenario
en poco tiempo el deporte pasaría a un segundo plano. tanto es así que mi último año en la liga local lo jugaría sólo por seguir en forma y como favor personal a un entrenador que me quería en su equipo aún sabiendo que no me lo tomaría ni la mitad de en serio que en años anteriores.
desde ahí, lo único que consiguió motivarme para jugar fue el dinero; me convertí en componente de una especie de equipo de mercenarios que se dedicaba a jugar campeonatos de fin de semana (por aquí abajo llamados “maratones”) durante el verano.
aquel equipo era una auténtica selección de talentos -los mejores jugadores de la provincia-, lo que en la práctica significaba ganar campeonatos y obtener ingresos -del reparto del premio- casi cada fin de semana. sin embargo, lo que pedía a cambio era un nivel altísimo de rendimiento que, entre lesiones y agotamiento, era muy difícil de mantener.
el fin llegó porque para que hubiera negocio aquello tenía que funcionar como un reloj suizo: tenían que estar los mejores y sólo los mejores. yo lo sabía muy bien, por eso el día que ya no me consideré a la altura del equipo, simplemente me marché y dejé paso a otro talento.
experiencia en fútbol sala: profesional
y justo cuando la etapa de mercenario acabó, otra etapa nueva comenzó de forma inesperada: ocurrió que un equipo de córdoba consiguió una plaza en la división de plata de la liga nacional de fútbol sala -equivalente a la segunda división en fútbol- y que, debido a un problema con su plantilla, tuvieron que buscar refuerzos urgentemente. para mi sorpresa, yo fui uno de los jugadores en los que pensaron.
para ser división de plata aquel equipo ofrecía muy poco dinero al mes, pero a un estudiante aquella pequeña paga le venía de perlas, así que firmé con ellos y comencé a entrenar y a recuperar la disciplina que había perdido después de pasar tanto tiempo jugando sólo campeonatos de verano. y he de confesar que llegué a tomármelo bastante en serio y que incluso llegué a creer que podría recuperar mi mejor nivel y las ganas de seguir jugando, pero fueron ilusiones vanas.
al final, factores como un ritmo de competición durísimo (con multitud de viajes y entrenamientos casi diarios) o la propia competitividad entre compañeros pudieron conmigo. por eso, a mitad de temporada decidí dejar voluntariamente el equipo. había comprendido que ya no daba para más… aparte de la cuestión física, en mi decisión pesó la falta de ilusión por el juego en sí: simplemente dejó de tener sentido.


mmmmmmmmm, qué interesante. sabía que habías sido un crá pero no hasta este punto! una pena que lo tuvieras que dejar, se te veía muy bien en los periódicos! :) jose moreno alias “el beckham de córdoba” no pasa ná tus fans te seguirán donde vayas y seas lo que seas! besitos
maría: gracias por esas palabras siempre alentadoras. besitos.
al resto de lectores: ¿se nota mucho que tengo a maría contratada para romper el hielo en los comentarios? :P
espero que piensen eso y no que no tengo nada mejor que hacer… x)
me parece que falta una etapa:
experiencia en fútbol sala: la liga del PTA…
Te dejo contar el resto de la epopeya!
las “pachangas” de abueletes retirados no se cuentan, laurent… ;)